Así consigue un barrio de Bogotá su estatus de legalidad

214 asentamientos ilegales están en proceso de incorporarse al perímetro urbano.

 

Convertir un asentamiento ilegal en un barrio es un largo proceso que puede tardar hasta 20 años, como sucedió con la comunidad de Villa Aurora, en la localidad de San Cristóbal.

Desde 1997, familias de bajos recursos comenzaron a comprar lotes cerca del sector de Juan Rey, a precios económicos con la ilusión de construir una vivienda propia. Sin embargo, estos terrenos se encontraban en la ilegalidad porque no estaban registrados ante las autoridades distritales, se vendieron en un sector sin planificación urbana y no hacían parte del perímetro de Bogotá.

Luis Eduardo Fajardo adquirió un lote en Villa Aurora en el 2000. Recuerda que la zona en esa época era un potrero y no contaba con servicios públicos ni vías de acceso. “Poco a poco la gente llegó a esta loma y comenzamos a levantar nuestras casitas, instalar la luz y traer el agua por nuestra cuenta”.

Hoy este terreno de 13.438 metros cuadrados lo ocupan 140 familias que el pasado 21 de octubre pasaron de vivir en un asentamiento ilegal a conformar uno de los 1.160 barrios que tiene la ciudad.

En Bogotá hay 214 sectores en la misma situación que estaba Villa Aurora. Por eso el Distrito tiene planeado legalizar esas zonas, que corresponden a 300 hectáreas, antes de finalizar el mandato del alcalde mayor, Enrique Peñalosa.

“Cuando detectamos comunidades en terrenos sin planificación, procedemos a legalizarlos. De ese modo los incluimos al perímetro de Bogotá y garantizamos su integración a la ciudad”, señala María Carolina Castillo, secretaria distrital de Hábitat.

Entre el 2013 y el 2016, a la capital se han sumado 56 nuevo barrios que nacieron de asentimientos no planificados. La mayoría de estas comunidades están ubicadas en las localidades de Bosa, San Cristóbal, Ciudad Bolívar, Usme y Suba. Es decir, en la periferia de la capital.

“Ciudades de países como Colombia, que está en vías de desarrollo y que tiene una historia de conflicto armado, tienden a crecer de forma desorganizada. Por eso es importante el proceso de legalización”, señala Castillo. ¿Pero cómo un sector como Villa Aurora, con una población que no pasa los 1.000 habitantes, puede convertirse en barrio?

El proceso

De acuerdo con la Secretaría Distrital de Hábitat (SDH), el primer paso es que la comunidad manifieste su interés de transformarse en barrio ante la entidad. Así empieza la etapa preliminar de la legalización. “Con la información que nos entreguen los habitantes del sector, nosotros realizamos los estudios técnicos para evaluar si es viable o no otorgar el estatus de barrio”, asegura la funcionaria.

Esos estudios los adelanta el Instituto Distrital de Gestión de Riesgos (Idiger) y la Secretaría Distrital de Ambiente (SDA) con el fin de detectar si el barrio queda en una zona de riesgo o se encuentra en medio de una reserva forestal o área de protección ambiental.

En el caso de Villa Aurora, no se encontraron riesgos en el terreno y tampoco invade una reserva ambiental, a pesar de su cercanía con el parque Entrenubes y los cerros de San Cristóbal. “El barrio va hasta la parte en la que se inicia la zona rural de la localidad”, afirma Edilberto Soto, uno de los líderes de la comunidad. Vive allí desde 1997.

Después de la verificación del Idiger y la SDA, se procede a elaborar la cartografía y el estudio catastral junto a los residentes del futuro barrio. Funcionarios de Catastro y Hábitat levantan los planos de los inmuebles, verifican las direcciones de los predios y recopilan imágenes de las viviendas.

Con la ayuda de Luis Fajardo, las entidades distritales lograron determinar la ubicación exacta de Villa Aurora, que queda entre las calles 70 y 71 Sur y las carreras 15 y 19 Este. Además, se identificaron 138 inmuebles.

En el proceso también participan las empresas de servicios públicos, que emiten conceptos técnicos sobre la instalación de sus redes. Con toda esa información consolidada, en Hábitat se crea un expediente que pasa a revisión de la Secretaría Distrital de Planeación.

“La elaboración de los estudios técnicos, la cartografía y el trabajo de Catastro en la identificación de los predios puede tardar unos seis meses”, apunta Castillo.

Según la SDH, la etapa preliminar de legalización de un barrio le cuesta al Distrito cerca de 40 millones de pesos. La comunidad no incurre en ningún gasto.

La legalización

Entre tres y seis meses tarda Planeación en revisar la información del expediente presentado por la SDH. Para otorgarle el estatus de legalidad a un barrio, esta entidad tiene en cuenta que las viviendas construidas en el terreno sean de interés social, que no se ubiquen en suelo de protección rural o ambiental y que exista una consolidación urbana, es decir, estén definidos los espacios en donde quedarán las vías, el mobiliario público (como parques y alumbrado) y que los predios construidos sean habitables.

“Lo que hemos detectado con la legalización es que para las familias es maravilloso el proceso. Queda demostrado que el valor de la vivienda aumenta en promedio un 8,9 por ciento. Desde el inicio del proceso de mejoramiento hasta la notificación de legalización. Además, los dueños de los predios ingresan al mercado inmobiliario”, afirma Castillo.

Pero más allá del incremento en el valor de sus casas, los residente de los barrios recién legalizados consideran que cambiar de estatus les brindará opciones para mejorar la calidad de vida. Por ejemplo, uno de los principales problemas que tiene Villa Aurora es que la vía de acceso al barrio se encuentra en pésimas condiciones. Hace unos años, un edil de San Cristóbal les ayudó a pavimentarla, pero al poco tiempo se deterioró.

“Con la legalización esperamos que el Distrito nos ayude con el arreglo de la calle principal. La calle está destapa y cuando llueve esto se convierte en un barrial”, cuenta Mauricio Calderón, uno de los residentes del sector.
Otro de los problemas que esta comunidad espera resolver, luego de recibir el estatus de barrio, es lograr la cobertura total del servicio de agua y alcantarillado, pues tan solo dos de las cinco manzanas de Villa Aurora cuenta con ambos servicios.

“Los que viven en la zona más alta tienen una acueducto artesanal que sirve a medias, porque se nutre de una quebrada. Cuando se seca, tienen que sacar el agua de otro lado”, asegura Fajardo.

JOSÉ DARÍO PUENTES
Redacción Bogotá

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