La Merced: el barrio señorial que venció a la modernidad

El libro de gran formato ‘Casas de La Merced’ recupera la memoria arquitectónica de la zona.

 

Caminar por las calles del emblemático barrio bogotano La Merced, al costado sur del parque Nacional, es como retroceder en el tiempo a una época de glamur y elegancia, que rememora los suburbios de la aristocracia inglesa.

Se trata de uno de los pocos sectores de Bogotá que han resistido el aplastante paso de la modernidad, que en su recorrido parece querer devorarlo todo, y así darles paso a gigantescas moles de cemento de varios pisos.

Por eso, el libro de gran formato ‘Casas de La Merced’, que acaba de publicar al Colegio de Estudios Superiores de Administración (Cesa), se convierte en un valioso documento de memoria histórica y arquitectónica, que se le debía a la ciudad.

Así lo explica el profesor de esta institución educativa Javier H. Murillo, coordinador de este proyecto, quien se propuso despertar los fantasmas del barrio, a partir de las voces de sus antiguos propietarios para dar vida a la publicación.

El nacimiento de este barrio dio origen a toda una generación de artesanos en carpintería y forja de primer nivel. Foto: Archivo particular

Precisamente, a los tres años de su fundación, en 1975, esta prestigiosa facultad de Administración se instaló en una de las casas estilo Tudor de este barrio. Hoy, la universidad es dueña de trece de estas edificaciones patrimoniales, cuya conservación ha sido uno de sus objetivos sociales.

Murillo explica que fue por estas edificaciones, justamente, por donde arrancó la investigación para el libro, en el que contó con la colaboración del profesor Andrés Sánchez y del fotógrafo Juan Sebastián Zambrano.

“Los primeros vínculos que hicimos para desenredar parte del tejido de familias que constituyeron el barrio fue a partir de los estudiantes que nos presentaron sus abuelos, sus tíos abuelos y bisabuelos. Luego se unieron algunos profesores y vecinos que aún viven allí”, anota Murillo.

Hay que recordar que esta facultad nació como una iniciativa de empresarios y políticos de la talla de Hernán Echavarría Olózaga y el expresidente Carlos Lleras Restrepo, con la idea de formar una nueva generación de líderes para el país.

A ellos se unió un connotado grupo de industriales y familias prestantes de la sociedad, algunas de los cuales, incluso, fueron de los primeros residentes de La Merced.

El profesor Murillo comenta que el nacimiento de La Merced se dio hacia 1937, cuando Bogotá atravesaba por una crisis de predios para construir escuelas. “Entonces, el alcalde del momento decide expropiar el Colegio San Bartolomé del centro”.

La finca de los jesuitas

Ante la situación, los miembros de la Compañía de Jesús apelaron a una finca que habían comprado 27 años antes, al lado del parque Nacional. De esta manera deciden vender la mitad de los terrenos de suelo plano, los ubicados en la carrera séptima y así construir la sede actual del colegio San Bartolomé La Merced.

Desde un principio, explica el investigador del libro, el grupo de urbanizadores que compró los predios del barrio La Merced se propuso a que fuera un lugar con un estilo de construcciones homogéneas.

“El barrio nace, sin duda, como un proyecto para familias de mucho dinero. De hecho, los vecinos que lo habitaron se trasladan con el paso de los años –casi que en bloque– a sectores como la calle 76 o Santa Ana”, anota Murillo, mientras recuerda una anécdota durante el proceso de investigación.

“Cuando nos entrevistamos con dos de las herederas de una de las casas, nos contaron que al edificio en el que viven, ubicado en el barrio El Nogal (norte de la ciudad), se trasladaron también ocho vecinos de La Merced”, anota el profesor.

Para proponer una sola idea estética arquitectónica, los urbanizadores del barrio siguieron las recomendaciones de reconocido arquitecto y urbanista austriaco Karl Brunner.

“Eso no era inusual, ya en el manual de Brunner de arquitectura urbana, que se hizo en 1937, él proponía que cada barrio debía ser un organismo y debía tener ciertas características que les diera identidad a sus habitantes”, explica Murillo.

En ese sentido, La Merced es heredera de una tendencia que ya había marcado barrios de tradición como las primeras mansiones de Teusaquillo y del barrio La Magdalena. Estas habían sido diseñadas por un grupo de arquitectos chilenos, inspirados en la experiencia de prestigiosos barrios de Santiago de Chile y de Villa Urquiza, en Buenos Aires, a principios de los años 20, comenta el investigador.

Ya el estilo propio de La Merced se remonta a ciertos sectores de la Londres de principios del siglo XX y de las edificaciones de los modos de vida rural, de finales del siglo XIX, que, a su vez, tomaron el modelo de estilo Tudor, de los grandes palacios del siglo XVI.

Una de las casas más grandes de este tradicional barrio fue la de la familia Puyana Michelsen, con más de 2.000 metros cuadrados, cuyo dueño compró en su momento dos lotes.

“En ese momento la arquitectura no era una profesión. Los constructores eran ingenieros, que contrataban con un grupo de artesanos y dibujantes. La arquitectura precisamente se establece como carrera, en la Universidad Nacional, por esas fechas también. Entonces lo que hacían era que los constructores cogían los manuales y fusilaban”, anota Murillo.

La construcción de una de estas casas podía tomar muchos años, pues, con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los materiales que eran importados desde Europa e Inglaterra debían llegar en barco.

“La construcción de una casa como la del industrial Luis Lara Borrero tomó desde 1937 hasta 1941, aproximadamente. En esa casa, por ejemplo, hay uno de los primeros ascensores Otis, instalado en 1939, en Bogotá. Y ese tenían que subirlo a la capital en precarias condiciones, prácticamente a lomo de mula”, explica el investigador.

Agrega que con los años, por ejemplo, se comenzó a conformar un destacado grupo de carpinteros, que eran unos verdaderos artistas en tornear la madera y los pisos, y también una comunidad de artesanos expertos en las molduras de yeso y en la forja de hierro.

Eso explica que existan ciertos detalles de estilo, en casas más modestas de barrios populares, a la altura de la calle 65 con la Caracas. “Allí vivían –comenta Murillo– los artesanos y maestros de obra que trabajan la ornamentación de las grandes casas de La Merced”.

Muchos arquitectos también emularon ese estilo inglés de La Merced en edificaciones posteriores. Estas casas aparecieron de manera individual en barrios como Chapinero o Quinta Camacho.

En total, el libro reúne 25 casas, la mayoría de conservación patrimonial, y una o dos que se alcanzan a mezclar con estilos diferentes como el déco. “Algunas se pueden intervenir; otras, no. Las del estilo inglés son intocables”, dice Murillo.

“El primer objetivo era recuperar parte de esa memoria histórica y siguiendo a Brunner, para mí es fundamental lo que él anota: que cada barrio es un organismo. Es muy difícil hablar de una identidad bogotana. Por lo que he encontrado en mi investigación, se puede hablar, más bien, de identidades bogotanas y creo que cada barrio nos da una identidad”, comenta el profesor.

El libro incluye al final un curioso capítulo titulado ‘El arbolario’. Allí, sus autores quisieron dar un vistazo por algunos de los árboles más característicos del barrio en la actualidad.

“Creo que de los árboles más antiguos, y que puedan estar amarrados a la historia de las residencias del barrio, es el magnolio de la residencia de Germán Zea, un naranjo de la casa Casabianca, que todavía da frutos, la hiedra de los Wild y un urapán de otra edificación”, comenta Murillo.

El investigador destaca que este apartado busca también llamar la atención de otras de las características de La Merced: su diseño hacía parte del concepto de ciudad-jardín.

“Y para ese modelo de ciudad-jardín –de origen estadounidense– eran fundamentales patios con árboles que recrearan la campiña que conformaba el barrio. De allí la importancia de los antejardines y los jardines interiores”, concluye Murillo.

El libro incluye fotos históricas, como esta de la familia Bermúdez Valenzuela, residentes del barrio, en el jardín de su casa. Foto: Archivo particular

Este es un libro de colección. Viene en un estuche negro de lujo, acompañado de un conjunto de tarjetas tipo postal con fotografías de los detalles arquitectónicos de las casas. Además, incluye un disco con un video que le permite al lector una mirada aérea del barrio, grabada desde un dron, e incluye comentarios de algunos de sus habitantes, como Gloria Zea, Alfred Wild y el escultor Ulpiano Tascón, entre otros.

Libro con tarjetas y DVD

El libro consta de tres grandes apartados: una introducción que está determinada con una contextualización de la ciudad. Es decir, cómo era Bogotá en el cambio de siglo, cuáles eran los elementos que llevaron a que se construyera un barrio como La Merced. Después, los autores explican la importancia de los límites del barrio (carrera 7.ª. Parque Nacional y Colegio de San Bartolomé). Luego se describe cada casa seleccionada.

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